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10 años después, el #DiaDeLosSantosInocentes: el inicio de lo que vivimos hoy

El primer aviso del desastre llegó a través de la frecuencia de radio de la Dirección de Transporte, Tránsito y Vialidad (DTTyV).

Una voz reportaba que les disparaban en las inmediaciones de Jerez.

Media hora de silencio que se rompió cuando el Comandante Santiago (¿?) informaba -a través de la misma frecuencia- que habían matado a Brígido Reza García de un balazo en la frente.

Su cuerpo quedó reclinado en el volante de la patrulla que conducía.

Brígido Reza ingresó a la DTTyV a principios de los años 90 como agente de tránsito en la capital del estado; a los pocos meses conoció a una mujer con la que sostuvo una relación pero, los problemas laborales los separaron; para evitar conflictos, solicitó su cambio a Fresnillo, donde llegó a ser patrullero.

El viernes 28 se le ordenó encabezar el convoy que trasladaría hacia Zacatecas a 3 personas resguardadas en el destacamento de la Policía Ministerial, en Tlaltenango. Nunca llegó a la capital. La patrulla quedó varada en la comunidad de Ermita de Guadalupe, donde  las fuerzas del orden repelieron el primer ataque.

Los balazos que se oyeron cerca de las 5 de la tarde del 28 de diciembre de 2007, en Jerez, fueron el parteaguas de la historia criminal reciente de Zacatecas; fue el primer enfrentamiento entre fuerzas del orden y delincuentes en el estado, cuyo saldo envolvió en luto y orfandad a siete familias.

Ese día, policías ministeriales, estatales y de la DTTyV escoltaban a tres presuntos secuestradores que el 26 de diciembre habían sido capturados; la misión de los agresores era rescatar a los detenidos, de entre 24 y 35 años por lo que prepararon una emboscada a la entrada a Jerez y se llevaron a dos de ellos.

Sin embargo, el arresto encierra un misterio. Y sólo los que participaron en el operativo conocen la verdad.

Una versión apunta a que fueron militares, vestidos de paisanos, quienes detuvieron a los secuestradores en un mirador en Atolinga, donde los presuntos delincuentes los recibieron a tiros al verse descubiertos y asesinaron a su víctima, el hijo de un empresario de la región.

Otra versión es que un policía de Atolinga, sin saber de su peligrosidad, los detuvo; una tercera, narrada por testigos de los hechos, dice que la policía municipal de Tepechitlán detuvo a estas personas con armas y los llevaron a los separos preventivos.

 

 

La historia

Desde el jueves 27 se intentó trasladar a los reos al penal de Cienguillas, pero al saber de su peligrosidad, se decidió posponer el traslado hasta el viernes en espera de apoyo, por temor a un posible rescate.

De acuerdo con testigos presenciales, desde las 10 de la mañana del viernes los funcionarios de la Procuraduría General de Justicia (PGJ) estaban atentos al traslado.

José Luis Aparicio era subprocurador de Investigaciones Especiales de la PGJ; aún recuerda el momento en que le llamaron para notificarle de lo sucedido. Hace un balance de ese día al paso de los años.

“Yo estaba en la casa; en la tarde-noche me avisaron lo que ocurrido y me ordenaron que me trasladara”; fue directo a las instalaciones de la Policía Ministerial que se había convertido en un bunker resguardado por elementos de 11 Zona Militar.

Ahí se encontraba uno de los tres presuntos secuestradores; el convoy que lo trasladó –recuerda Aparicio- se movió 40 minutos antes que el resto; las fuerzas del orden que llegaron con él no sufrieron daño alguno.

Durante la noche y madrugada, los peritos trabajaron en la colonia Jardines de López Velarde, casi frente al Hospital de Especialidades Jerez, donde murieron seis policías ministeriales. Ante la presunción de delitos federales, parte de la investigación fue turnada a la Procuraduría General de la República (PGR).

En tanto, la capital del estado se convertía en una fortaleza.

Desde la ciudad de Aguascalientes, la entonces Policía Federal Preventiva desplazó a 300 elementos; en tanto los miembros del Ejército custodiaban la sede de la Policía Ministerial, se ordenó un operativo conjunto entre la DTTyV y la Municipal capitalina desde la comunidad de Cieneguillas hasta el la sede la Policía Ministerial. Preveían un nuevo ataque.

“Después de eso –narra Aparicio- empezaron a llegar las fuerzas federales”.

 

¿Y después?

En la capital, cuando la vida en las corporaciones “se normalizaba” después del 28 de diciembre, los sobrevivientes al ataque presentaban síntomas de depresión y ausencia.

Dos síntomas de estrés post traumático.

“Estaban deprimidos o como distantes, por eso se les concedió su retiro algunos”, dijo un ex policía que se retiró después de lo acontecido hace 10 años.

El acontecimiento no sólo fue un parteaguas en la historia de Zacatecas, sino en la historia personal de policías y sus familias: “a partir de entonces uno andaba con el miedo a flor de piel. Sí, teníamos mucho miedo aunque otros compañeros no quieran reconocerlo”.

Recordó que en ese tiempo muchos se dieron de baja, “pero la mayoría desertó. No sé cómo yo no me fui, pero sí lo consideré. Es que era peor salirse, porque nos conocían, sabían quiénes éramos y que sabíamos de tácticas y de armas y se jalaban a los que se salían”.

“Hasta cruzar la calle daba miedo”.

El gobierno de Amalia García Medina absorbió el total de los gastos funerarios para los siete elementos; además, agilizó los trámites para el pago de la pensión para los deudos mientras que a la viuda de Brigido se le ofreció una bonificación extra.

Según los registros, el único detenido alcanzó su libertad en 2008.

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