A partir del dolor, “Hay vida en mis sueños” ofrece apoyo a niños y niñas con cáncer.

Chuyito tenía ocho años cuando enfermó de cáncer.

Debido a que su familia era de escasos recursos, no pudieron atenderlo adecuadamente así que perdió la vista y sus dolores eran insoportables.

“Llegar a su hogar era ver la miseria total; vivía en un cuarto oscuro y muy húmedo en Villa de Cos; Chuyito permanecía acostado en un camastro”.

El poco apoyo que tenía Chuyito y su familia se lo brindaba Bertina Ponce Villalobos, a través de la fundación “Hay vida en mis sueños”, la cual preside.

Al poco tiempo, Chuyito, de apenas 8 años, murió.

Su familia no tenía para solventar los gastos funerarios y los integrantes de la fundación no pensaron dos veces en ayudarlos; “entre más rápido termine el martirio, más rápido podrán comenzar su proceso de duelo y aliviar un poco el dolor”, asegura Bertina.

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El origen de “Hay vida en mis sueños” es tanatológico; “es una institución que nace a partir del dolor y la perdida de la salud. Va más allá porque nos sana”.

Advierte que no solamente se trata de sanar a los pequeños sino que los integrantes de “Hay vida en mis sueños”, se han sanado en muchos sentidos.

En esta institución se atienden niños con enfermedades terminales; la fundación no se involucra directamente con la parte clínica “nosotros trabajamos la parte emocional, nos dedicamos a cumplir sueños”.

En la entidad, el cáncer es la segunda causa de muerte en la población de entre cinco y 14 años, de acuerdo con los Servicios de Salud de Zacatecas (SSZ).

De hecho, la enfermedad es detectada en un gran número de niños y jóvenes cuando ya se encuentra en fase avanzada, lo cual disminuye la posibilidad de un tratamiento exitoso.

“Desgraciadamente los casos se dan en familias con extrema pobreza que no cuentan con los recursos para atenderse de manera correcta”.

Tanatóloga de profesión, con estudios de duelo en adolescentes y la perdida de la salud, Ponce Villalobos y su equipo sostienen la fundación gracias a las donaciones de las personas, incluso no cuentan con oficinas propias con el fin de ahorrar hasta el último peso para que sea destinado a los pequeños en fase terminal.

“Para nosotros es un gasto innecesario una oficina; ese ahorro ayuda en gran medida a nuestros niños… es una fundación muy del pueblo, somos la única institución activa realmente vamos más allá de una apariencia”.

Detalló que, como parte del proyecto, año con año se realiza un viaje a Cancún para los niños y niñas que se encuentran en fase terminal y desean conocer el mar.

“Es impresionante como se va haciendo la magia”, el viaje a Cancún se facilita gracias a quienes dan cortesías para los niños sin ningún interés de por medio “para nosotros son los ángeles de Cancún”.

En los últimos 10 años han llevado a 121 niños a cumplir su sueño de conocerlo; “llevamos puros hilitos a punto de reventar” aunque, especifica, se toman todas las precauciones para poder lograr con el cometido.

Además del sueño de conocer el mar, tienen otros proyectos como los gorritos tejidos con cabello natural para las niñas con cáncer, gracias a la aportación de Pedro Perales Guerrero, hasta la entrega de una casa en la colonia CTM para una abuelita que está al cuidado de 6 de sus nietos, de los cuales desgraciadamente tres tienen padecimientos como cáncer, enfisema pulmonar y diabetes.

“Mi mayor satisfacción es cuando me doy cuenta que yo no me quedo con nada”

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Las satisfacciones no son solamente para la fundación y las principales son haberle encontrado sentido a la vida, que este no sea de manera personal “ver las sonrisas y la alegría de los niños te lo da todo, ya no necesitas más”.

 

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