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Alfonso Muñoz Piedra: una luz en la oscuridad

Alfonso Muñoz Piedra de 65 años es originario de Progreso, Río Grande (antes San Isidro) perdió la vista a la edad de 15 años de edad, tras 3 operaciones no logró recuperarla. Tuvo que cambiar de actividades drásticamente, anteriormente él se dedicaba al campo; sin embargo sin el sentido de la vista esto se complicaba bastante.

Por el cambio de intereses dejó de estudiar la primaria hasta la edad de 22 años viaja a la ciudad de Durango para estudiar en el Centro de Rehabilitación y Educación Especial de ese estado, donde recibió su certificado de primaria.

A pesar de tener una discapacidad visual esto nunca lo detuvo para seguir con su formación profesional, la cual continuó en San Luis Potosí donde aprendió varios oficios como tejer el vejuco.

Viaja a la ciudad de Zacatecas con más preparación y preparado para enfrentar los siguientes retos, llega a la ciudad terminar su secundaria en 1980 y de ahí el siguiente paso era intentar ingresar a la Escuela Normal Ávila Camacho.

Su ingreso no fue fácil pues su discapacidad visual hacía pensar a los demás que no era capaz de realizar ciertas cosas, las autoridades de la Escuela Normal no permitían que se inscribiera debido a lo que para ellos era una debilidad o un impedimento.

Muñoz Piedra le dio un giro importante a esto pues les propuso un reto al director y profesores, si repruebo en 3 meses me dan de baja, me inscribieron y después de los 4 años reglamentarios nunca reprobé”.

Es un gran orgullo, pues yo fui el primero en ingresar y terminar mis estudios de magisterio con una discapacidad visual.

Comienza su carrera como profesor de personas invidentes, mostrándoles que pueden tener una vida normal. Fue el impulsor de los servicios para personas con discapacidad visual tras llevar un proyecto a la red de bibliotecas del estado, fue aprobado y hasta la fecha; tras 29 años sigue a cargo de la sala de invidentes.

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Vivo una vida normal, con una discapacidad para algunos estamos en desigualdad pero yo siento que tengo todas las facultades.

Su discapacidad no impidió llevar una vida plena, está casado con una persona que también es invidente pero este no ha sido impedimento para realizarse; tienen dos hijos de 23 y 28 años.

Con esto se demuestra que nunca hay imposibles para nadie, no ha sido fácil pero ha llegado tan lejos como ha querido. Sigue apoyando a las personas que pasan por su misma situación, pero sobre todo les enseña el valor que tiene el esfuerzo y las ganas de seguir adelante.

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