Profeco sigue en guardia y ahora va por las bebidas vegetales


De unos años para acá sabemos que la leche a sido reemplazada por bebidas vegetales. Bebidas de coco, almendra, arroz y avena que, bajo el lema de ser más sanas, son capaces de aportar lo mínimo en proteína y principalmente están compuestas por agua, grasas y azúcares.

Sin lactosa pero con todo lo demás

Podrías creer que se hacen a partir de leche, pero en realidad son bebidas vegetales. Seguramente en este momento se te vienen a la cabeza algunos nombres.

En total fueron 22 bebidas vegetales las que formaron parte del estudio realizado por la Procuraduria Federal del Consumidor, cuya conclusión es que su aportación de nutrientes dista mucho de la aportación de la leche.

El estudio también evaluó que ninguno de los productos envasados tuviera microorganismos que pudieran resultar dañinos contra la salud, además de que el contenido neto declarado fuera cierto.

La Norma Oficial Mexicana a observarse es la que lleva por título Especificaciones Generales de Etiquetado para Alimentos y Bebidas No Alcohólicas Preenvasados-Información Comercial y Sanitaria.

Aún a pesar de que algunas de ellas llevan la palabra «Leche» en su empaque, y por tanto podrían distinguirse por publicidad engañosa, Profeco no ha mencionado nada acerca de retirar alguna de las presentaciones de los anaqueles.

«La Profeco recomienda leer la etiqueta revisar las leyendas precautorias de la etiqueta, verificar las fechas de caducidad de los productos y considerar que estos productos son generalmente más caros que la leche»

Durante 2016, Profeco ya había alertado sobre las bebidas vegetales, diciendo que no sólo nutren menos, si no que su precio es demasiado alto. El estudio realizado en 2015 destacaba la distinción entre bebidas de soya, almendras, arroz, coco y de avellana.
Tampoco es que los lácteos sean muy importantes

Cabe recordar que la Organización Mundial de la Salud indica que la dieta saludable de un adulto tampoco tiene que tener como prioridad el consumo de lácteos. La recomendación es que la ingesta de grasas trans de rumiantes (presentes en la carne y los productos lácteos de rumiantes tales como vacas, ovejas, cabras y camellos) deben ser menos del 1% de la ingesta total de calorías que consumimos.

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