Sí eres de los que acompaña su comida con una «coquita», a partir del próximo año tendrás que pagar más por «una de vidrio».
El Paquete Económico 2026 que presentó la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo incluye un aumento en el precio de los refrescos.
Pero, ¿por qué la propuesta?
De acuerdo con Eduardo Clark, subsecretario de Salud del gobierno federal, en México cada año se realizan más de 27 mil amputaciones relacionadas con complicaciones de la diabetes.
En promedio, 75 personas pierden una pierna o un pie cada día. A esto se suma que más de 100 mil personas dependen de diálisis tres veces por semana para seguir con vida.
El panorama se agrava con los datos de mortalidad.
Una de cada tres muertes por infarto está asociada a diabetes o hipertensión.
En México, uno de cada tres niños vive con sobrepeso u obesidad, muchos de ellos ya enfrentando problemas de hipertensión o prediabetes.
De hecho, la diabetes por sí sola provoca más de 100 mil muertes al año, siendo la segunda causa de fallecimientos en el país.
De ahí que especialistas hablen del refresco como un “motor silencioso” de infartos y accidentes cerebrovasculares.
Y ¿cuánto costarán los refrescos en 2026?
La propuesta hecha por la presidenta en el Paquete Económico prevé un un aumento fuerte en el impuesto a las bebidas azucaradas.
Este aumento se integrará en el Impuesto Especial de Productos y Servicios (IEPS).
El gravamen pasará de 1.64 pesos por litro a 3.08, lo que significa un incremento del 87%.
La medida conserva el mismo objetivo que cuando fue creada:
Desincentivar el consumo excesivo de refrescos y jugos industrializados.
Pero ahora se agrega un giro importante: todo lo recaudado se destinará a un fondo especial para cubrir los gastos de salud relacionados con enfermedades provocadas por estas bebidas.
Con el nuevo fondo de salud, el gobierno busca que la recaudación tenga un impacto directo en la atención de enfermedades que hoy saturan hospitales y generan altos costos para las familias.
Se pretende financiar tratamientos de diálisis, amputaciones, atención a la hipertensión e infartos, además de programas preventivos.
La apuesta es clara: reducir el consumo de bebidas azucaradas y, al mismo tiempo, fortalecer el sistema de salud con recursos que provengan precisamente del origen del problema.
En un país donde la obesidad y la diabetes ya se consideran crisis de salud pública, el incremento al impuesto se presenta como una medida que combina prevención, financiamiento y conciencia social.






