A nadie puede extrañar los mensajes enviados ayer por Sigifredo Noriega Barceló.
Y mucho menos los altamente politizados.
“Si tanto trabajo cuenta salir a votar imagínate sales a votar en un 60 por ciento, aproximadamente, que es buena cantidad, y dicen ‘es que no fuimos tomados en cuenta, se burlaron de nuestro voto’. De que va a afectar va a afectar”.
O esta otra.
“Mi forma de ver es una mala noticia para el electorado no ser tomado en cuenta. Y su hay otra votación no creo que la gente acuda porque es en serio. El 2 de junio fue en serio”.
Claro, intentó defender a la democracia pero sobre todo, la pureza de las Morismas de Braco que si bien tienen todo un contexto religioso, están organizadas por una asociación civil.
Quizá al Obispo le hace falta darse una vuelta por el repositorio de la Universidad Autónoma de Zacatecas.
Por ejemplo, darle una revisada a la tesis “Las Morismas de Bracho en Zacatecas y la Cofradía de San Juan Bautista en el Siglo XIX”, de Marisol García Sandoval:
“Por otra parte, representar batallas entre moros y cristianos ponderaba a la religión, ese fue precisamente el énfasis que le dieron sus organizadores, dejaron atrás el orgullo peninsular y lo sustituyeron por la devoción a uno de los santos más importantes del santoral católico, quien había sido venerado por ser el precursor de Cristo: San Juan Bautista”.
Pensar que la representación es una puesta en escena laica (y gratuita) es tratar de tapar el sol con un dedo.
“Como anteriormente se mencionó en el capítulo tercero, la organización de las hermandades o de las cofradías fue a partir de la integración de miembros que coincidían en un mismo oficio, que compartían un mismo estatus social o que una misma condición étnica, pero la fundación de esta hermandad no había obedecido a los intereses hace un momento referidos, sino que la determinó el no dejar morir una tradición inventada que encontró en la devoción a San Juan Bautista las razones y argumentos suficientes para permanecer”.
¿Es sano que el Obispo no emita posiciones políticas en torno a diferentes tema?
Sería una locura proponerlo.
Un hombre de poder como el Obispo, que tiene influencia en el 96 por ciento de los habitantes del estado, debe dejar en clara su posición y nadie puede impedirlo.
La idea es contraria a aquellos que piensan que los hombres de poder deben de guardar silencio, como el Presidente de México, por ejemplo.
Pero en el fondo sus dichos salieron desde su corazoncito demócrata cristiano, lo que provocó darle un empujoncito a Miguel Varela.
El mismo a quien desde la semana pasada le retiraron su constancia de mayoría por usar símbolos religiosos en su campaña.
Si nadie más interpuso queja alguna por un hecho parecido, no hay litis que seguir.






