La protección que le brindó el panismo y los (casi) funcionarios del ayuntamiento capitalino a Jorge Romero, es digna de narrarse.
Y ¿por qué no tendrían que hacerlo?
El partido que fundó Manuel Gómez Morín pasó de la brega de eternidad al utilitarismo de la cotidianidad.
Jorge Romero complementará la triada de dirigentes panistas que se han encargado de desmontar su tradición democrática; Ricardo Anaya y Marko Cortés la iniciaron.
Ellos encabezaron la perredización del PAN.
¿Cómo?
Convirtiendo al PAN en una agencia de colocaciones que premia a los grupos de poder en cada estado.
De acuerdo al peso específico de cada grupo, son las posiciones que otorgan.
Si un panista aspira a participar en una elección lo importante no es su militancia ni su trabajo partidista.
Lo importante es el grupo que respalda… incluso si no eres simpatizante del partido.
Lo vimos en Zacatecas en la pasada elección; la posición 1 de la lista plurinominal le fue otorgada a una externa que ni milita ni simpatiza con el PAN.
Ahora es una legisladora cuyo compromiso legislativo se reduce a martes y jueves.
Por eso es altamente probable que el cuñado de Noemí Luna sea el próximo dirigente estatal del PAN.
La diputada federal es parte de la nomenklatura panista que día a día pierde más al partido en busca de pactar con el gobierno.
Sus comunicados diarios comprueban que prefieren la tradición negociadora salinista que la brega de la eternidad de Gómez Morín.
Y la disciplina es bien pagada en el panismo anayista – cortesano.
Y para ello, era necesario mostrar control.
Por eso decidieron alejar de las entrevistas cualquier intento de pregunta crítica.
Especialmente de quienes en el pasado militaron en ese partido y hoy son críticos de lo que sucede al interior.
Queda claro que el pequeño priista que identificaba Luis H. Alvarez en TODOS los mexicanos, en los panistas ya no es tan pequeño, y si muy tricolor.






