Ellas «salieron a comprar cigarrillos»; ellos son ahora padre y madre de sus hijos

0
3997

La tarea de criar, educar, sostener y amar a los hijos, no es sencilla.

Cuando esa tarea la debe realizar solo la madre o el padre.

Pero cuando ellas deciden “salir a comprar cigarrilos” y no regresar, la vida se convierte en algo más interesantes para los padres abandonados.

Divorciados, viudos o «abandonados«, en Zacatecas hay historias de hombres que toman el rol de la madre y que luchan día con día para solventar las necesidades de sus hijos o hijas.

Tres padres de familia zacatecanos, comparten su experiencia de vida y la alegría que para ellos significa estar con sus hijos.

Jorge Luis Martínez Hernández.

Tuvo que hacerse cargo de su hijo Sebastián desde que era un bebé de once meses. Hoy tiene 4 años de edad.

La madre del pequeño decide hacer un viaje sin regreso y abandona a Sebastián con su padre.

La parte difícil, alimentar al bebé que pedía el pecho de su madre, y que su hijo algún día le cuestione el paradero de su progenitora. La parte gratificante, el amor y la compañía de su hijo con quien comparte muchos buenos momentos.

Ulises tuvo que abandonar sus estudios,  pues aunque en un principio cargaba con mochila y pañalera, una situación con un maestro que lo corrió del salón de clases frente a sus compañeros lo hizo aterrizar y darse cuenta que no sería tarea fácil.

Su familia tenía sus propias ocupaciones y no les era posible ayudarlo, pero eso es algo que Ulises agradece pues de alguna manera eso le ayudo a alcanzar la madurez.

Actualmente Ulises imparte clases de inglés, física y matemáticas en un colegio, y es trabajador administrativo de la Universidad Autónoma de Zacatecas.

Desde las 5 de la mañana Ulises empieza su día; a las 6:30 levanta a Sebastián, le lava su carita, le cepilla los dientes, le pone crema y lo deja listo para llevarlo a su escuela a las 7 am.

Ulises describe al pequeño Sebastián como un buen niño, amoroso, inteligente y divertido y aunque la paternidad de un hombre solo es difícil, no lo cambiaría por nada, “está bien chido ser papá soltero”.

Gustavo Valdez.

Cambio sus ganas de devorarse al mundo por toallitas húmedas, biberones y pañales.

Tenía 20 años cuando su esposa los abandonó y tuvo que hacerse cargo de la pequeña Lili quien apenas tenía 5 meses de haber nacido.

Un proceso de aprendizaje en el que él tenía que asumir responsabilidades y enseñar a su hija a hablar y caminar.

”Más que una situación difícil, fue todo un reto, cuando las cosas se quieren hacer se puede”.  Sus padres siempre le brindaron su apoyo y supieron guiarlo en la crianza de la menor hasta que murieron.

Ahora como una familia pequeña empiezan sus días a las 6 de la mañana, Lili se ducha mientras su papá prepara el desayuno y el lonche; desayunan, él le teje el cabello, le coloca un moño o le recoge el cabello y salen de casa para realizar sus actividades.

Como el buen equipo que son al regresar a casa ambos realizan los quehaceres de la casa como lavar platos, barrer, tender camas, preparar la comida y hacer las tareas escolares. Vacacionan en la playa, juegan a las muñecas, tienen una perra como mascota y disfrutan de salir a caminar hacia la bufa.

Gustavo alguna vez sintió que se había adelantado a la vida y que debió tomar las cosas con más calma pues le hubiera gustado estudiar fuera del estado y desarrollarse profesionalmente.

Cuando sea su hija quien se desprenda y busque formar su propia familia, será un buen momento para retomar su sueño de viajar y conocer el mundo.

Su gran satisfacción es todo lo que su hija le ha enseñado desde que nació.

Manuel Álvarez Rojo

Enviudo hace 15 años cuando, en un accidente automovilístico, su esposa perdió la vida.

Tuvo que hacerse cargo de sus 7 hijos; la menor de dos años, la mayor de 16; debió enfrentar la vida solo y continuar con la crianza de todos sus hijos.

Después del  accidente la situación se volvió triste y complicada, pues cada niño debía enfrentar esa pérdida apoyándose de su padre; Manuel necesitó mucho valor para poder superar la muerte de su compañera de vida y encargarse de que sus hijos hicieran lo mismo.

Las enseñanzas de su abuela le servirían mucho para sacar la casa adelante y alimentar a los menores.

Al paso de los años sus hijas mayores deciden formar su propia familia, pero a él todavía le quedan niños en la casa que cuidar.

Otro matrimonio nunca fue una opción “yo solo podía hacerme cargo, nunca quise hacer sentir mal a mis hijos”; sus hermanas le ayudaban recogiendo en la primaria y el preescolar a algunos de los menores, pues él debía salir a trabajar.

Hoy Manuel sigue tan dedicado de sus hijos como hace 15 años, ya no son unos niños y aunque fue muy difícil, hizo de ellos hombres y mujeres de bien, felices, orgullosos y consientes de la gran lucha de su padre.