La tarde de este domingo comenzó entre risas, sombras, asombro y palabras que cobraron vida.
El desierto se hizo presente en el museo zacatecano, Patricia Vargas, narradora oral, dio inicio a un encuentro de cuentacuentos que reunió a niños, jóvenes y adultos, todos dispuestos a dejarse llevar por la magia de las historias.
Las sillas se ocuparon rápidamente y algunos pequeños se acomodaron en el suelo, con la mirada atenta y la imaginación lista para volar.
Desde el primer relato, el ambiente se transformó.
Los gestos, las voces y los silencios de la narradora lograron tejer mundos enteros frente al público. Los niños reaccionaban con espontaneidad: reían, preguntaban, se sorprendían. Los adultos, por su parte, parecían reencontrarse con esa capacidad de asombro que a veces queda olvidada en la rutina.
El evento no solo consistió en escuchar historias.
Se integraron actividades especialmente pensadas para los infantes, quienes participaron activamente a través de las dinámicas y pequeños ejercicios de creación narrativa. Estas propuestas no solo mantuvieron su atención, sino que fomentaron su creatividad y su gusto por la palabra hablada.
La inclusión de actividades dirigidas a los más pequeños resultó fundamental para el éxito del encuentro.
No solo permitió que los niños se sintieran parte esencial del evento, sino que también generó un ambiente familiar e integrador, donde todas las edades encontraron un espacio para disfrutar del desierto.
Al final, entre aplausos y sonrisas, quedó claro que la narración oral sigue siendo un puente poderoso entre generaciones. Y que, cuando se piensa en los niños como protagonistas, la experiencia se enriquece para todos en este 40 aniversario del Festival Cultural Zacatecas






