Pole Dance: De baile profano a empoderamiento femenino

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Por décadas, hacer giros en un tubo ha sido sinónimo de bailes exóticos y, en muchas ocasiones, ha sido asociado a la prostitución.
Pero hoy el crecimiento exponencial de las escuelas de danza en el país, las han convertido en una forma de reconocimiento y aceptación del cuerpo, sin importar si éste se adapta al estereotipo de belleza que conocemos.
De hecho, México cuenta con exponentes internacionales de esta disciplina como Diana Ivette Rosas Ham, a quien se considera ser la mujer que introdujo a México este deporte o Andrea Riquelme, campeona en el North American PoleDanceChampionship.
Dice Gabriela Alfaro, encargada titular en la escuela que, quien practica el pole dance, se transforma y se “otorga mayor seguridad, autoestima y fortaleza”

 

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Alfaro encuentra en este tipo de bailes un efecto claramente terapéutico, representa una toma de conciencia del propio cuerpo. Más que una práctica para agradar a los hombres es parte del propio proceso personal de la mujer.
Amas de casa, hombres e incluso niños, practican éste deporte y lo consideran terapéutico pues la actividad ayuda a eliminar los nervios, el vértigo y controlar la ansiedad.
Gabriela, quien es maestra certificada en Pole Dance, asegura que las madres de las chicas que asisten a clase le impiden que suba a las redes sociales fotografías de los ejercicios que realizan, pues temen a que sus hijas sean criticadas por su familia.
A pesar de eso, trata de no hacer mucho caso de las críticas para poder extender el pole dance como la disciplina y arte que es, actualmente también da clases en Jerez y Fresnillo.
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Laura es una joven que práctica pole dance desde hace un año y su gusto por el baile la ha llevado a certificarse como instructora de la disciplina; no teme que la confundan por ejercitarse en un tubo. “Tengo moretones y callos en las palmas de las manos, pero terminas amándolos ya que este deporte es tan bonito” confesó.